Si eres amante de las aventuras y las grandes expediciones por lugares exóticos, no te puedes perder el relato que te presentamos. Eso sí, prepárate porque vamos a viajar en busca una criatura muy, pero que muy misteriosa.

A la caza del ronquero

La Gran Expedición para encontrar al ronquero se reunió en el puerto una mañana neblinosa.

El coronel Chaleco, famoso cazador de caza menor, explicó a los periodistas, que habían tenido que levantarse a las tres de la madrugada para verlos partir:

Los dragones del Castillo Ruinoso—Nadie sabe muy bien qué aspecto tiene un ronquero, así que seguro que lo reconoceremos. Hay quienes dicen que está cubierto de pelo azul, otros que estornuda mucho. Un hombre que creyó verlo decía que hacía un ruido fuerte y sibilante, y corría en círculos. Yo, personalmente, creo que vive en los árboles y menea las orejas. De todos modos, eso es lo que vamos a averiguar.

La expedición, sin duda, tenía aspecto de ir a averiguar cosas. En el muelle había redes, trampas, cuerdas, canoas autohinchables, trozos de cordel
viejo y grandes cajas llenas de tapioca, pues se decía que era el alimento favorito del ronquero.

Junto al coronel Chaleco, el grupo tenía un cámara, un médico, un botánico, un fontanero, un fabricante de tijeras, un afilador de cuchillos, un hombre llamado Harris al que se le daban muy bien los verbos en francés y otras ochenta y tres personas. Fuese como fuese aquel ronquero, seguro que en la tripulación habría alguien capaz de observarlo, atraparlo, hablar con él o arrojarle cosas.

Zarparon…

Se decía que el ronqueo tenía su hábitat en las grandes selvas de mandiocas que había en el curso alto del río Amazonas, y el coronel Chaleco llevó allí a su grupo.

Los dragones del Castillo RuinosoDurante días y más días avanzaron con dificultades, atravesando lodazales pringosos y llenos de mosquitos, y recorriendo selvas sin caminos, en las que pasaron gran parte del tiempo siguiéndose entre ellos al caminar en círculos. La gente con la que se cruzaban les decía que sí, que aquel era buen sitio para atrapar un ronquero, y luego se alejaban y reían bajito para sí mismos. Al cabo de unas semanas llegaron al lugar donde el Amazonas era solo un arroyuelo rodeado de gigantescas mandiocas. Seguían sin encontrar ni rastro de ningún ronquero, y como mínimo habían desaparecido tres personas de la expedición. Seguro que las había apresado algún ronquero.

Harris se había llevado una sorpresa muy desagradable al pisar un caimán, sobre todo al descubrir que el animal no entendía ni un solo verbo en francés cuando intentó hablar con él.
—Me rindo —dijo el coronel Chaleco sentándose en un tronco, y estornudó—. ¿Alguien tiene la menor idea del aspecto que tiene un ronquero?

Nadie la tenía, y se sentaron y esperaron a que ocurriera algo. Después de pasar semanas enteras arrastrando los pies por húmedas arboledas de mandiocas, estaban todos muy alicaídos, y la mayoría estornudaba mucho.

Un hombre que recorría la selva recogiendo en un saco tapioca caída se detuvo a mirarlos.

—Veo que habéis cazado todos un ronqueo —dijo.

—Ah, ¿sí? —Parecían bastante desconcertados—. ¿Y qué es?

—Bueno —respondió el hombre sonriendo—. Nosotros lo llamamos ronquero, pero supongo que vosotros lo llamaríais… un buen resfriado.

Los dragones del Castillo Ruinoso.jpgEntra en el Castillo Ruinoso

A la caza del ronquero es uno de los muchos relatos que componen el libro Los dragones del Castillo Ruinoso, una fantástica selección de relatos de Terry Pratchett, un verdadero maestro a la hora de combinar la fantasía con el humor. Aquí vas a encontrar situaciones muy divertidas, personajes singulares y, por supuesto, dragones.