En ocasiones, los animales sacan a pasear su lado más humorístico y protagonizan algunas situaciones muy divertidas. Lo puedes comprobar tú mismo con esta selección de los chistes más animales del verano.

Dos hermanos están pescando en la orilla del mar y uno le pregunta al otro:

—¿Por qué los peces no van a la escuela?

Y el hermano contesta:

—Porque se les mojarían los libros.

***

Bajo el mar, entre las rocas de un acantilado, dos peces amigos están hablando:

—Jolines, siempre choco contra esas piedras.

—¿Por qué? —le pregunta el amigo.

—Pues porque solo sé frenar en seco.

Chistes muy animales

Un hombre tiene dos mascotas, un ratón y un loro. Un día, decidido a venderlos, los lleva a un circo. El dueño le pregunta:

—¿Qué saben hacer?

Inmediatamente, el ratón empieza a tocar el piano y el loro se pone a cantar ópera.

El dueño del circo, asombrado, dice:

—¡Fantástico! ¡Increíble! ¡Se los compro ahora mismo! Pero esto tiene truco, ¿verdad?

Y el hombre contesta:

—La verdad es que sí. En realidad el loro no canta. Lo hace el ratón, que es ventrílocuo.

Chistes para no parara de reír

Está claro que a ti lo que te gusta es echarte unas risas. Pues no te podemos recomendar nada mejor que Novecientos (y pico) chistes para partirse de risa, un repertorio de chistes que abarcan los cinco continentes, protagonizados por seres de dos, cuatro o hasta cien patas. Está comprobado: si te aburres es porque quieres. ¿Que no? ¡Abre este libro por cualquier página!

Sean disparates idiomáticos (¿«Asesino», en japonés? «Akí Temato») o dudas filosóficas (¿Qué ocurre cuando un maya se desmaya?), aquí están los mejores chistes para partirse y compartir, relacionados con cualquier lugar del universo. Eso incluye, por supuesto, el reino animal, fuente inagotable de burradas: desde camaleones (esos que hacen trastadas de todos los colores) hasta cocodrilos, pasando por otras especies que no por extinguidas dejan de ser tronchantes. Porque no hay nada como el humor, sobre todo en esos días en los que te sientes como un náufrago en su isla desierta (venga, uno más: ¿qué le dice un tiburón a un tipo en medio del océano? «El flotar se va a acabar»). Si estás dispuesto a desternillarte y contagiar a los demás, este es tu libro. Ah, y no olvides la primera regla del cuentachistes: olvida la vergüenza. ¡Las carcajadas vendrán solas!