Ante el entusiasmo de nuestros seguidores, os invitamos a leer otros cinco cuentos cortos que participaron también en el pasado concurso de Tu Círculo. Cinco ejemplos de imaginación y talento que seguro que os llaman la atención. Si es que tenemos unos escritores fabulosos en el club…

LA LECCIÓN DEL ÁGUILA, de Martín E. S.

El pequeño Luis, todos los días desde el jardín, veía cómo un águila volaba sobre los campos de delante de su casa. El niño se preguntaba por qué vendría de tan lejos a cazar porque se suponía que vivía en un despeñadero de la Sierra Calderona. Un día, el águila se posó encima de la barandilla de su jardín. Al principio, el niño se asustó. De pronto, el águila empezó a hablar y le dijo:
—No tengas miedo. No te haré nada. Sé que todos los días me observas cuando vengo cerca de aquí a cazar.
Luis, asombrado, le preguntó:
—¿Por qué vuelas tan cerca de este pueblo?
El águila le contestó:
—Porque, debido a los incendios y las construcciones que hace el hombre, tengo que volar lejos de mi nido para encontrar comida. Y, si quieres comprobarlo y no te da miedo, te llevaré conmigo para que lo veas.
—Vale, iré.
Así que el águila lo cogió con sus garras de los hombros y comenzaron a elevarse del suelo. Desde el cielo, vio cómo los naranjos de enfrente de su casa se hacían cada vez más pequeños, las casas del pueblo parecían las casitas del Belén de Navidad. Pasaron por ciudades y carreteras. Al llegar a la montaña, Luis vio que, donde debían haber árboles y animales, había solo casas. Toda la montaña estaba llena de casas. Fue en ese momento cuando el niño entendió por qué tenía que volar tan lejos.
El águila le explicó:
—Por aquí iremos a mi nido, pero antes tendremos que pasar por los bosques incendiados.
Desde el aire, el pequeño vio unas montañas que no tenían árboles ni flores, eran de un gris oscuro.
Después aterrizaron en el acantilado. El águila le enseñó su nido que estaba hecho de materiales orgánicos, como ramas, hierba y hojas. Pudo apreciar las tres capas de plumas del águila, tocar sus fuertes garras y su pico en forma de gancho. Después pasearon por la montaña y Luis comprobó que no había ni conejos, ni ciervos, ni siquiera ardillas y le preguntó a su nueva amiga:
—¿Por qué no hay animales por aquí?
—El hombre ha construido mucho en estos bosques y no ha dejado espacio. Además, ha quemado los bosques y han muerto los animales y su comida— respondió el águila.
—Debo volver o mi madre se preocupará. Gracias por esta lección tan valiosa. Te prometo que lo contaré a todo el mundo.
Hicieron su viaje de vuelta. Al llegar, el águila lo dejó cuidadosamente en el suelo. Se despidieron con tristeza porque los dos sabían que no volverían a hacer un viaje igual.
Luis se quedó pensando en todo lo que el águila le había enseñado y se prometió a sí mismo que, desde ese momento, defendería la naturaleza y contaría a todos la lección que había aprendido.

TARDES DE VERANO, de Carlos E.

Aquellos días de verano descubrí un delfín muy juguetón que iba todas las tardes a visitar a unos hombres que pescaban en el puerto. A mí me hacía mucha gracia ver cómo saltaba y salpicaba mientras los pescadores se enfadaban porque les espantaba los peces.
Cada día, a la misma hora, allí estaba el delfín saltando como si me quisiese saludar, y así fue durante todo el verano.
Pero el último día de mis vacaciones, el delfín estaba triste, como si ya supiese que yo al día siguiente no estaría allí y que me estaba despidiendo.
Pero el que no volvió a aparecer por el puerto hasta el año siguiente fue él. Era él quien se estaba despidiendo de mí.

EL MONSTRUO PERSEGUIDO, de Silvia I.

Érase una vez un monstruo que vivía en el mar Cantábrico, en la costa asturiana. Más concretamente, en la playa y en el puerto de Luarca.
Muchos pescadores lo intentaban pescar, pero siempre se hundían las embarcaciones.
Una vez, un barco muy grande salió a su encuentro.Esperaron varias horas, pero nada pasó. Así que volvieron a puerto.
Al día siguiente lo intentaron de nuevo. El vigía gritó:
—¡Monstruo a la vista!
Los marineros sacaron redes, arpones, escopetas y el barco aceleró para pillarlo. Cuando se acercaron, el vigía dijo:
—¡Ahora! ¡Lanzad redes, arpones, disparad y acelerad!
El monstruo se escapó bajo el agua y fue a pedirle consejo a su abuelo, el monstruo del lago Ness, quien le dijo:
—Lo mejor es que te busques un humano que se haga amigo tuyo y le diga a todo el mundo que no quieres hacerles daño.
Al día siguiente, lo buscó y lo encontró: era un niño llamado Enrique. El niño le dijo a todo el mundo que el monstruo era bueno. La gente le creyó y el monstruo vivió feliz y tranquilo para siempre.

ÉRASE…, de Hugo Alonso M.
Érase una vez una linda niña a la que, cada noche, su madre le contaba un cuento que decía: Érase una vez una linda niña….

EL PARQUE DE ATRACCIONES, de Ana G.

—¡Corre, corre! —gritaba exasperada una chica de diez años a un chico un poco más mayor—.¡Más rápido! —suspiró angustiada Lucía, que así se llamaba—. ¡Cuando llegues estará cerrado!
-Ya voy —dijo Adrián, el hermano de la chica, resignado, y asimilando que su hermana tenía nervios de acero—. Ya voy —repitió en un susurro, aún sabiendo que su hermana no lo escuchaba.
-Vamos —le apremió Lucía—, ya queda poco.
-Hago lo que pue… —se quedó sin habla y con la boca abierta unos segundos—. ¡Mi madre! —dijo, lentamente, mientras observaba la construcción blanca, con grandes ventanales tintados, que no dejaban ver lo que escondían los cimientos, pero que aún así dejaban escapar cada pocos segundos un destello de un color diferente cada vez—. ¿Cómo has encontrado esto? —preguntó rápidamente, como si la vida le fuera en ello.
—¡Te lo dije! —gritó en tono acusador, loca de alegría, mientras señalaba a su hermano con su dedo índice, dando a entender que estaba a favor de darle lecciones de moral a hermanos bocazas—. ¡Te lo dije! —añadió por último, risueña y con aire triunfador.
Con esas palabras en el aire, salió corriendo hacia la puerta de dos plazas del edificio que tanto había impresionado a Adrián. Y es que era simple, pero imponente también.
Su hermano, temeroso, también avanzaba, pero mucho más lento, ya que los destellos le cegaban, y la mera idea de tener que admitir que su hermana no estaba delirando, sino que decía la verdad, le intimidaba. Porque, en esas condiciones, ¿quién querría entrar allí? El simple hecho de ver que la puerta se cerraba detrás de ella impulsó al chico, que, aún con sus dudas, y más acobardado que nunca, corrió hacia la puerta de madera. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al oír la puerta cerrarse. Vio frente a sí una puerta, y, sin dudarlo, se abalanzó sobre la puerta. Pero, al pasar el portón de madera, otra puerta se formó delante de él. Adrián retrocedió, asustado, y se chocó con la puerta que acababa de cruzar. «¿Cuántas puertas hay?». No tuvo que esperar mucho para su respuesta, ya que un cartel de madera, con letras talladas se colocó delante de él. «203 puertas. El laberinto para un profesional».
El olor de su hermana le desmintió y, llevado por el momento, fue siguiendo el perfume hasta encontrar una puerta más grande que las otras. En cuanto hubo soltado una maldición interna, se adentró allí, con los dientes apretados y rechinando. Pero lo que vio le quitó de su ensimismamiento y le dejó con los ojos abiertos de par en par: un mar, pelotas de agua… ¿Estaba en la playa? Sí. Y tenía la cara llena de arena, observó también. Y estaba tumbado en una toalla, con una sombrilla tapándole del sol.
-Pero, ¿qué? —se preguntó a sí mismo el muchacho.
-¡Adrián! —gritó Lucía a lo lejos, mientras se acercaba—. ¿Ya te has despertado, «bella durmiente»? —preguntó cuando estuvo más cerca—. Has estado media hora durmiendo —dijo al captar la mirada de su hermano, pidiéndole respuestas—. ¿Te vienes a jugar?
-Mmm —Adrián dudó, pero al advertir en los ojos de Lucía que no podría irse sin jugar, añadió rápidamente—, claro.
Y así Adrián viajó al mundo de los sueños donde se puede viajar a todos los sitios.

Gracias a todos estos futuros escritores por permitirnos disfrutar a los demás de vuestras obras. ¡Ha sido estupendo!

Y si quieres leer más cuentos, no puedes perderte este fantástico título: 50 cuentos para tener dulces sueños.