Primero fue la conmovedora novela de Johanna Spyri. Después llegó una serie de dibujos animados de producción japonesa que conquistó el corazón de millones de niños de todo el mundo. Ahora, el fenómeno de Heidi regresa en forma de largometraje. La película se ha rodado con actores de carne y hueso en los lugares donde transcurre la historia original. Ideal para disfrutar en familia. 

HeidiHeidi es una niña huérfana de pelo rizado y ojos marrones que vive con su tía Dete, pero cuando a ésta le ofrecen trabajo en Frankfurt decide llevarse a Heidi con su abuelo. Heidi recoge sus cosas y empiezan a caminar montaña a través. Mientras cruzan por un pequeño pueblo de montaña se topan con Barbel, que reconoce a Dete enseguida. Las muchachas se detienen y Date le explica que está acompañando a su querida sobrina, Heidi, con su abuelo Almöhi a lo más alto de la montaña. Barbel horrorizada grita: «¿Almöhi? Es un ateo misántropo, y además se dice que ha perdido la habilidad de hablar». Dete susurra al oído de su pequeña sobrina: «A palabras necias, oídos sordos» y agarradas de la mano empiezan a correr cuesta arriba.

Heidi con toda su inocencia se lo toma con calma y empieza a perseguir a un gran rebaño de cabras, pero con la cantidad de capas de ropa que lleva puestas se empapa de sudor y deja de correr para intentar alcanzarlas. Con la mirada desafiante hacía su tía empieza a desprenderse de su ropa y a tirarla al suelo hasta quedarse en ropa interior.

—¡Espléndido! —piensa Heidi; por fin puede correr, saltar y hasta incluso retar a las cabras a hacer una carrera. Dete grita a la niña y se encaminan a alcanzar el punto álgido donde se encuentra la cabaña del abuelo. Realmente la cabaña parece miserable.

El anciano abre la puerta y las mira con el ceño fruncido, parece hosco y antipático. Las dos se asustan pero Dete coge aire, cuenta hasta tres, y dice al anciano que va a dejar a la pequeña Heidi con él. Dete, con los ojos llorosos, se despide de la niña y se marcha rápidamente. Minutos después el abuelo deja muy claro a Heidi que él no quiere que ella se quede en su hogar. Se despide y cierra la puerta de la cabaña en los morros de la pequeña.

Heidi se construye una camita dentro del corral de las cabras y se queda dormida allá. A la mañana siguiente, el abuelo la despierta mientras rebaña a sus cabras. Ella siente que no es bienvenida pero poco a poco su dulzura persuadirá al excéntrico anciano.

HeidiHeidi conoce a Pedro, muchacho encargado del cuidado de las cabras del abuelo. Los dos pronto se hacen amigos y pasan los días juntos jugando por las montañas acompañados de las cabritas. Pedro acostumbra a explicarle a Heidi historias sobre Almöhi. «A la gente le gusta decir maldades… pero tú tienes que tener tu propio criterio para saber si debes creer lo que ven tus propios ojos o los rumores de la gente», le dice Pedro.

Almöhi y Heidi pasan el invierno en la cabaña. Heidi echa de menos a Pedro, que se ha ido a vivir al pueblo para poder ir al colegio durante ese periodo del año. «Si fuera primavera otra vez…», susurra Heidi. El abuelo, ante la tristeza de su nieta, le regala un talismán esculpido por él con forma de águila, pero el anhelo de Heidi hacia Pedro es demasiado grande, así que el abuelo se la lleva a pasar la tarde a casa de Pedro. Él está encantado con la inesperada visita y maldice al colegio diciendo que no es divertido: «No es necesario saber leer un estúpido libro si vives en la montaña», grita Pedro.

HeidiLlega la tan esperada primavera para Heidi, pero precisamente no viene acompañada de buenas noticias: un día por sorpresa aparece Date y le comunica a Heidi que tiene una familia de acogida en Frankfurt, un sitio donde tendrá la oportunidad de hacer amigos y conocer a Clara, la hija de los dueños. También tendrá la oportunidad de aprender a leer y escribir. Almöhi, ante la noticia, se siente tan triste que quiere echar a Dete a patadas: «¡Heidi es mía, ahora vete!». De camino hacía el pueblo, Dete consigue atrapar a Heidi que justo llega de pasear con Pedro. Durante el encontronazo con Heidi, Dete le dice que se ha de ir con ella, que es lo que el abuelo quiere también. No le da opción a despedirse. Cuando Almöhi ve llegar a Pedro sin la pequeña empieza a correr montaña abajo. En ese mismo instante Dete y Heidi están sentadas en un carruaje que les llevará al valle. A lo largo del trayecto, Heidi mira con ojos tristes hacia la montaña, que se va haciendo más y más minúscula a cada paso que dan.

Al llegar a Frankfurt, Heidi se encuentra frente a una lujosa mansión.

—La casa de los Sesemann —le explica Dete.

HeidiEnseguida les recibe Sebastián, mayordomo uniformado de manera impecable y después de darles la bienvenida les explica que Rottenmeier les está esperando. Después de pasar por un jardín inmenso entran en el recibidor que destaca por las elegantes alfombras que cubren el suelo de mármol. Dete, ante esta situación, le pide por favor a Heidi que se comporte y sea lo más educada posible, ya que se están dirigiendo a la habitación donde están sentadas la señorita Rottenmeier y Clara, una niña inválida. La primera impresión de Rottenmeier es de repulsión ante la apariencia de Heidi.

Las dos niñas se miran mutuamente mientras la señorita Rottenmeier le da el dinero prometido a Dete por la compañía que Heidi va a ofrecer a Clara. La inválida le pregunta a Heidi si tenía ganas de venir a Frankfurt, la otra encoge los hombros y le responde que siempre tiene la opción de volver con su abuelo si no se siente cómoda allí. Es fácil ver como Heidi se siente totalmente extraña ante su nuevo hogar, las reglas de la casa son muy estrictas y se deben cumplir al pie de la letra. Heidi no sabe cómo debe comportarse ante cada situación y menos a la hora de comer. La señorita Rottenmeier impone a Heidi que de ahora en adelante se llamará Adelheid, llevará ropa adecuada y le enseñará como debe actuar. Ante ese horror, la única esperanza para Heidi es la pequeña Clara. Pero ésta es una niña triste, después de la muerte de su madre, la pérdida de movilidad de sus piernas y que su padre no está nunca en casa, ha perdido la alegría y la ilusión típica en una niña de 6 años.

HeidiHeidi no consigue acostumbrarse a esta nueva situación, se siente encerrada, echa de menos las montañas y la libertad que tenía en ellas. Las normas le corroen por dentro, lo único que le reconforta es su amistad con Clara y las visitas de la abuela que de vez en cuando aparece para contarles cuentos. Heidi de repente se pone muy enferma, y la única medicina que puede prometer su cura: volver a vivir a las montañas….