Si hay algo que me dice que la Navidad está a la vuelta de la esquina es la aparición de los polvorones. A mí me encantan. No lo puedo evitar. Ed les tiene un poco de manía. Sobre todo por una broma que le gasté el año pasado. Mientras tenía un polvorón en la boca, le reté a ver si era capaz de decir la palabra «zambomba». Lo intentó y, claro, se puso perdido.

Ed y Tor cocinerosEl polvorón es un dulce tradicional de Navidad. Su origen ya tiene unos años, aunque tampoco te creas que hay que remontarse al tiempo de los romanos, ni mucho menos. Según se cuenta, el invento del polvorón tuvo lugar en el siglo XVI, a causa de un exceso de cosecha de trigo. En diversos lugares de Andalucía se les ocurrió mezclar el trigo con la manteca de cerdo y así comenzaron a aparecer los primeros polvorones.

También se cuenta que, mucho más, tarde, ya en el siglo XIX, a una señora apodada La Colchona (que vivía en la localidad sevillana de Estepa), añadió canela al conjunto. Sin quererlo, había creado los famosos mantecados estepeños. ¿Y cómo se hicieron populares? Resulta que el marido de La Colchona era un «cosario». No, un corsario no. Un «cosario», nombre que se le daba a una persona que se dedicaba a trasladar cosas e individuos entre un pueblo y otro. Pues el «cosario» siempre llevaba consigo los mantecados de su mujer y logró hacerlos muy populares.

Ay, ya me ha entrado ganas de comerme un polvorón. ¿Y tú? ¿Eres más de polvorones o de turrón?